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Cristalización Polar

Cristalización Polar

Recordamos el verano, época lejana por estas fechas y… ¿Qué apetece más que un refresco bien frío con hielo?
Para poder disfrutar del tan agradecido frío de nuestros hielos el procedimiento va más allá de introducir exclusivamente agua al congelador.
Durante el tiempo que los dejamos en el congelador (o se nos olvida dentro durante meses) se producen diversas reacciones que originan esta transformación.
Este agua se congela a una temperatura mínima de 0 grados, por lo que no se necesita ninguna clase de congelador especial. Este fenómeno se debe a que a bajas temperaturas la energía cinética del líquido disminuye, provocando un movimiento mucho menor entre las moléculas facilitando la formación de enlaces. Esto da como resultado la formación de fuerzas intermoleculares de carácter mucho más resistente y compacto, solidificando el otrora líquido que, por estos momentos, ha pasado a ser hielo, nuestro hielo.
Las moléculas se organizan, pero no de cualquier modo, sino que se establecen las uniones de átomos de forma determinada, obteniendo una disposición molecular en forma de tetraedro.
Curiosamente y convirtiéndose en la excepción que confirma la regla, el agua no se rige por las leyes físicas de la inmensa mayoría de líquidos que se transforman en sólidos, y por esa razón al solidificarse el agua, su densidad disminuye de forma considerable, aumentando su volumen y provocando su expansión.
Así que espero que tras haber leído esta pequeña reseña científica penséis que detrás de un cubito de hielo, se esconde un complejo proceso.