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EL SIGUIENTE, POR FAVOR

EL SIGUIENTE, POR FAVOR

Aquí estoy yo, cumpliendo con el calendario de vacunas de mi comunidad. En esta ocasión, me toca poner la primera dosis del VPH, que sólo ponemos las niñas. Me siento afortunada por vivir en un país con un sistema sanitario que emplea métodos que nos permiten prevenir enfermedades que no hace tantos años eran incurables.

Con todo, algunos países no disponen de una partida económica suficiente para subvencionar las vacunas básicas a las que todos deberíamos tener acceso.

Pero aún es más grave el hecho de que ciertos laboratorios de países del llamado “primer mundo” jueguen con la salud de los ciudadanos, no poniendo los medios para crear vacunas contra muchas enfermedades muy extendidas  pero, a la vez, graves. Esto sucede debido a que algunas empresas de medicamentos perderían grandes beneficios económicos si no le pudiesen dar salida a las medicinas que ellos mismos fabrican.

Esta es una pequeña reflexión de una niña de catorce años que sigue pensando que es la avaricia del mundo la que lleva a la ciudadanía a estos límites. Mientras esto pasa por mi cabeza, una serie de microorganismos patógenos debilitados del virus del papiloma humano penetra a través de una punzante aguja en mi cuerpo para que, mediante la respuesta primaria del sistema inmunitario, yo esté preparada ante una posible enfermedad.

Bien…yo ya acabé. Ahora: ¡que pase el siguiente!