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La electrónica cobra vida

La electrónica cobra vida

Llevo veinte años construyendo aparatos en mi laboratorio con el propósito de mover la frontera del conocimiento un poco más allá de donde la encontré, soy físico experimental.

Hacer avanzar la ciencia en mi campo se está volviendo arduo y costoso por el tamaño de los aparatos que necesitamos y porque nos está llevando décadas construirlos. Actualmente trabajo en el instrumento científico más grande y complejo jamás construido por el hombre: el gran acelerador de protones del CERN. En particular en un sistema de “fotografía digital” que realiza 40 millones de disparos por segundo para poder detectar las desintegraciones de las partículas producidas en el acelerador.

Pero no quería hablar hoy de los avances de la física de partículas si no de la tecnología que desarrollamos para tal fin. Durante estos años vi como los componentes electrónicos se vuelven cada vez más pequeños, de tal modo que hace unos días mientras leía el magnífico libro de divulgación científica: Introducción a la Ciencia de Isaac Asimov, tuve una iluminación. Identifiqué en un diseño en el que estoy trabajando, para el procesado de datos del detector, la distribución de la señal de reloj, en rojo, con la distribución de la sangre a través de una arteria en un ser vivo. Sé que aún falta pero si comparamos el calendario evolutivo con la velocidad con que la tecnología cambia la vida de la especie humana, hago esta pregunta:

¿cuántas generaciones debemos esperar para ver como la electrónica cobra vida?