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La otra cara de una batea

La otra cara de una batea

Desde su comienzo en 1946, el cultivo del mejillón Mytilus galloprovincialis en las rías Baixas ha experimentado un crecimiento espectacular; hoy día es la región más productiva de Europa y una de las más importantes a escala mundial. El número total de bateas en Galicia es de 3337, con un 97 por ciento de ellas situadas en las rías Baixas y una producción media anual de 250.000 toneladas.
En las bateas crecen los moluscos bivalvos deseados pero también muchos otros organismos sobre las cuerdas y los flotadores, pertenecientes a casi la mayoría de los grupos marinos más importantes: ascidias, crustáceos, celenterados, poliquetos, briozoos, hidrozoos, esponjas, equinodermos. Entre las cuerdas deambulan asimismo bancos de peces como ballestas, mujílidos y sargos.
Por otro lado, el cultivo de mejillón provoca en la columna de agua una fuerte disminución del seston, material en suspensión, con vida o sin ella, filtrado por el organismo. Se observa además un incremento en la concentración de amonio, producto de excreción del mejillón. Las altas tasas de material sedimentado, asociado a la deposición de heces, origina un aumento en la densidad de individuos epibentónicos (organismos que habitan en la superficie del fondo marino) en comparación con las zonas sin bateas.
Por lo que una batea de mejillón es un auténtico ecosistema que conviene estudiar con detenimiento, ya que aunque es un verdadero arrecife para muchos organismos marinos, también produce una alteración en la estructura de las comunidades que habitan en el fondo.