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Por la boca muere el pez

Por la boca muere el pez

Una luz centellea en la oscuridad. Me inquieta y me intriga a la vez. Hay que desconfiar de ellas, pues la muerte usa distintas estrategias para engañar a los confiados. Lo sé y aun así me acerco. Mi delgadez y mi contrailuminación me hacen casi invisible…nada puede sucederme. He visto muchas luces como esa y al final acaban en el fondo de mi estómago. Me encanta su sabor. Siempre se olvidan de apagar su luz, y la verdad: tengo hambre. Me acerco un poco más…la luz aumenta su intensidad. Siempre ocurre igual, la excitación que precede a la muerte. Abro mi boca y ¡zás! Unos dientes se cierran ante mis ojos. Demasiado tarde. Cegado por el hambre.