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Universo Áureo

Por Ernesto Diéguez Casal

No es difícil imaginarse el Universo en términos absolutos de una batalla eterna entre el orden y el desorden. Es una batalla de antemano perdida, pero a pesar de ello resulta entretenida. Armonía vs Caos.

Otra confrontación habitual en nuestros días enfrenta al arte y a la ciencia, dibujados como enemigos acérrimos, figuras antagónicas. Sin embargo, a la que uno profundiza un poco y amplía la perspectiva, este antagonismo se vuelve ilusorio, un meme auto-impuesto. Arte y ciencia,… ¿enemigos? No, existe al menos un punto en el que ambas entran en contacto, y es cuando la armonía de la naturaleza, hecha ciencia, se vuelve estética. Y aunque no de forma exclusiva, detrás de esta armonía estética se esconde la ciencia.

Una proporción, la llamada Proporción Áurea, que viene definida por la relación entre dos segmentos desiguales de una recta: el número Phi (φ), a saber, número irracional no periódico, igual a 1,618, y lo que sigue. Esto que podría parecer algo baladí, demasiado abstracto, se expresa a nuestro alrededor y en nosotros mismos, sin que seamos conscientes de ello. Esta proporción áurea se esconde detrás de la famosa serie de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13,…), puesto que a medida que la serie avanza, la división de cada uno de sus números por el inmediato anterior arroja un valor cada vez más cercano a ese 1,618.

Bien, ahora cualquiera podría pensar que ya tenemos una bonita anécdota matemática que poder contar en reuniones familiares con la intención de parecer intelectual. Sin embargo, va mucho más allá. La proporción áurea, escondida detrás de la serie de Fibonacci, se encuentra en los patrones de crecimiento de las plantas: número y disposición de los pétalos (las flores tienen generalmente un número de pétalos cuyo valor se encuentra en la serie de Fibonacci) y hojas (las hojas se disponen alrededor del tallo siguiendo un ángulo áureo para no darse sombras unas a otras), en las espiras de una piña o en la disposición de las hojas de una alcachofa; también en el mundo animal, desde las espiras de la concha de un Nautilus, los cuernos de las cabras o los colmillos de elefantes, hasta las púas de un erizo de mar, la caída de un halcón hacia su presa, o en la proporción entre la distancia de nuestro ombligo a la planta de los pies en relación a nuestra altura total; pero también en el mundo mineral, en la formación de cristales, en las galaxias espirales y hasta en la dinámica de los agujeros negros; y en las obras de arte, la armonía ha sido conseguida de forma inconsciente mediante la proporción áurea: la pirámide de Gizeh, la torre Eiffel, las obras de Mozart, Schubert o Debussy, los cuadros de Dalí… así como en las fotografías que nos resultan estéticamente bellas, y en sus formatos, ¡hasta en la relación de los lados de las televisiones! Detrás de todo esto se encuentra ese 1,618, la también llamada Proporción Divina, puesto que el hombre se la ha ido encontrando a lo largo de los siglos allí donde la armonía reinaba sobre el caos. No hay divinidad detrás de ese valor, solamente es un ladrillo matemático que el Universo utiliza para construir.

Probablemente ahora esa supuesta batalla entre ciencia y arte parezca menos realista de lo que parecía al principio del texto. Y quizá, ahora, veáis lo que os rodea con otros ojos, con los ojos que se maravillan ante la batalla eterna del Caos vs Armonía.

Ernesto es biólogo de formación, y actualmente investigador en el departamento de microbiología de la facultad de farmacia de la USC. Además, se dedica a la escritura y también a la fotografía. Algunos de sus libros escritos en papel son DARK (contos estranos editora) o «In Crescendo» (Ed Anroart). También escribe en los blogs

http://lallamadadelatrascendencia.com/ y http://elojopixelado.wordpress.com/

1 Comment

  • Dominique Dijo...

    ¡Me encanta!… Si alguien, desde un primer momento, me hubiese mostrado la belleza del mundo y de las matemáticas como lo hace el autor de este artículo, no habría perdido tantas ocasiones de amaravillarme…

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